La caza del oso

A menudo recuerdo a mi vecino Alejandro. En las cálidas noches de verano, cuando salíamos a tomar el fresco, relataba sus aventuras como pastor en las lejanas sierras cántabras. Durante la primavera y el verano los pastos de la montaña santanderina eran excelentes para el ganado y hombres como Alejandro viajaban hasta aquellas feraces montañas para pastorear el ganado. Según contaba, una mañana temprano, al salir de su chozo, se encontró frente a un enorme oso pardo. Se quedó́ totalmente paralizado. El oso, al observar aquella presencia extraña, se irguió sobre las dos patas traseras y rugió de una forma terrible. Alejandro nunca supo cuánto tiempo permaneció allí, de pie, inmovilizado por el terror. Por suerte para él, el oso se dio media vuelta y dejó el campo libre.

Alejandro jamás había visto una fiera tan colosal. Probablemente le hubiera sorprendido saber que en su pueblo, Mestanza, cuatro siglos antes, osos como aquel vagaban libremente por la sierra. Así lo indica el Libro de la Montería (s. XIV) del rey Alfonso XI:

“La sierra de la Alberquilla es buen monte del oso y del puerco en invierno, y (también) en el comienzo del verano. Y son las vocerías, la una desde el puerto del Burcio por cima de la sierra hasta el puerto del Alberquilla. Y son las armadas en las Cabezas del Verdugal. Y la primera vez que corrimos este monte, matamos en él un oso de los grandes que matamos hasta este día”.

monteriaEn este excepcional libro se describen los montes donde se podía encontrar y cazar el oso, así como la colocación de los ojeadores y los cazadores. Resulta curioso observar cómo, después de 700 años, la toponimia no ha variado, y tanto el Burcio como la Alberquilla nos resultan hoy tan familiares como lo eran para los mestanceños de entonces. La caza se realizaba entre febrero y mayo, y daba comienzo con la batida (vocería), que consistía en armar un ruido estrepitoso que obligaba a los animales a salir de sus oseras. Posteriormente eran acorralados por los perros deján- dolos a tiro de arco o de ballesta.

El pueblo llano no pudo degustar la carne de oso pues era la Encomienda quien contaba con el derecho para practicar la caza, y tanto el bosque como sus recursos fueron durante toda la Edad Media una propiedad exclusiva de la realeza y de la nobleza. La caza del oso era la actividad más digna para un caballero dada su similitud con la guerra, ya que requería usar armas, coordinar a una gran cantidad de gente (ojeadores, rastreadores, perreros, monteros) y realizar largas cabalgadas.

Al campesinado, por su parte, tan sólo le quedaba proteger las tierras que cultivaba y el ganado que criaba del ataque de estas eras. Por lo general, cuando escaseaban sus alimentos favoritos (frutas silvestres, bellotas, frutos secos) bajaban de sus guaridas y ocasionaban grandes estropicios en las posadas, corrales y plantíos. En el verano del año 1455 se documentó́ el merodeo de osos por el Valle de Alcudia. Parece ser que la primavera fue muy seca y estos plantígrados no hallaron su alimento favorito, la miel de las colmenas, por lo que abandonaron los montes y bajaron al valle sembrando el pánico entre la población. Estos osos colmeneros eran tan golosos que ni el aguijón de las abejas les detenía. A veces, transportaban el panal entre sus patas para esconderlo lejos del colmenar. No en vano un diccionario del s. XVIII les describía así:

“Tienen la propensión de buscar las colmenas y descorcharlas para comerse los panales, lo que ejecutan llevándolos a sumergir en el agua para que las abejas no les puedan hacer daño”.

Los representantes del pueblo ante las Cortes de Castilla pidieron reiteradamente que se les permitiera perseguir a los osos. En las Cortes de Madrid de 1563 denunciaron que:

“Hay muchos grandes, y caballeros, y personas que tienen señoríos y mando, y esto por su recreación y estado y provecho, que prohíben y quitan que los súbditos y particulares y otras personas que poco pueden, corran o maten dichas eras. Y si alguno lo intenta, los hacen maltratar y ponen grandes miedos y amenazas sobre ellos”.

Las quejas dieron su fruto y a finales del s. XVI el oso fue definitivamente exterminado en todo el Valle de Alcudia y en Sierra Morena.

 

(Publicado en el Catálogo de Fiestas de 2012)

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s