Mestanza, un apellido literario

            Mestanza, además de ser el nombre de nuestro pueblo, es un apellido toponímico que se extiende por España y América. El personaje más famoso que lo ha ostentado fue IND119216el poeta Juan de Mestanza Rivera. En 1555, siendo muy joven, viajó a las Indias para hacer fortuna. Pasó muchos años en la ciudad yucateca de Mérida (México), donde alcanzó el grado de teniente general de aquella gobernación. En 1578 había pasado a residir en Guatemala, donde su fama de poeta se extendió hasta España. Miguel de Cervantes le dedica una octava en su Canto a Calíope, incluido en La Galatea (1585):

Y tú, que al patrio Betis has tenido

lleno de envidia, y con razón quejoso

de que otro cielo y otra tierra han sido

testigos de tu canto numeroso,

alégrate, que el nombre esclarecido

tuyo, Juan de Mestanza, generoso,

sin segundo será por todo el suelo

mientras diere su luz el cuarto cielo.

En 1586, al saberse que el corsario Drake había cruzado el estrecho de Magallanes, Juan de Mestanza partió hacia la villa de Sonsonate (El Salvador) para defenderla de los ingleses. Tras este episodio, quizá en agradecimiento, fue nombrado alcalde de la localidad. En 1614 ya había regresado a España, según se deduce de los bellos tercetos que le dedica Cervantes en El viaje del Parnaso (1614):

Llegó Juan de Mestanza, cifra y suma

de tanta erudición, donaire y gala,

que no hay muerte ni edad que la consuma.

Apolo le arrancó la Guatemala,

y le trujo en su ayuda para ofensa

de la canalla en todo extremo mala.

            En la literatura española hay varios personajes ficticios que lucen el apellido de Mestanza. El novelista Benito Pérez Galdós, en sus Bodas Reales (1900) de Los Episodiosgaldós Nacionales, nos habla de un tal Francisquillo Mestanza, natural de Puerto Lápice, de quien nos dice que era algo pendenciero, pues anduvo a puñaladas en la venta de la Tía Inés. Nada que ver con los marqueses de Mestanza, cuya existencia nos narra en su obra El caballero encantado (1909). De la hija de los marqueses, Mariquita de Castronuño, nos dice Galdós que era “riquísima heredera, buena chica, educada en Francia, de rostro no desagradable y figura esbeltísima”.

            El filósofo José Ortega y Gasset escribió las Memorias de Mestanza durante los primeros días de la Guerra Civil. En este libro relata cómo conoció en una posada de ortegaAlbarracín a don Gaspar de Mestanza, “uno de los pocos españoles interesantes que han nacido en los últimos cien años”. Este personaje ficticio había vivido muchos años fuera de España debido a su condición de diplomático. En sus extensas memorias, que el filósofo finge extractar, don Gaspar reflexiona sobre el carácter y la historia de los españoles. También sobre lo efímero de la vida: “Adiós, las penumbras deliciosas. Hay que vivir en adelante bajo una cruda luz de mediodía. Todo está claro, ferozmente diáfano: cada cosa es lo que es y nada más”.

 

 

 

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