Crónica negra

Hace tan solo cien años, Mestanza era un lugar muy peligroso. Me refiero, lógicamente, para los estándares actuales. Para los criterios de entonces quizá se tratase de algo más normal. Lo cierto es que en el primer tercio del siglo XX se registraron en el pueblo nada menos que nueve intentos de asesinato, seis de ellos mortales. De suceder esto hoy día, Mestanza sería portada frecuente de los telediarios.

El asesinato de Heliodoro Peñasco fue el más famoso de todos. Heliodoro era natural de Aldea del Rey y fue secretario del Ayuntamiento de Mestanza entre 1891 y 1895. En nuestro pueblo conoció a Ramona Rodríguez Herráez, con la que contrajo matrimonio en 1896. Tras afiliarse al Partido Republicano Radical de Lerroux comenzó a combatir con dureza al caciquismo de la región, lo cual le granjeó numerosos enemigos. El 24 de marzo de 1913, varios disparos le derribaron del caballo a las afueras de Argamasilla. El cadáver presentó agujeros de bala en la cabeza y en la espalda. Tenía 43 años. Se acusó a un cacique de Argamasilla de instigar el crimen, pero finalmente solo se condenó el autor material de los hechos, un tal Cándido Pérez, alias Pernales. Mestanza le dedicó una plaza que aún lleva su nombre.

En septiembre de 1906 fue detenido Urbano Carrilero alias Matamoros. Se le acusaba de haber disparado a su vecino Segundo Hidalgo mientras paseaba junto a dos amigos por las afueras del pueblo. Por suerte la bala solo le atravesó una pierna.

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En marzo de 1911 un pastor trashumante de Segovia mató a su compañero en la quinta del Hinojo. Parece que, tras robarle 600 pesetas le arrojó a un pozo cercano, aunque el cadáver nunca fue encontrado. El procesado negó en todo momento la autoría del crimen y aseguró que su compañero había emigrado a Argentina. Esta coartada resultó extraña pues el finado había dejado toda su ropa en el chozo.

En noviembre de 1913 dispararon al vecino Antonio Gómez. Las sospechas recayeron sobre dos forasteros que nunca fueron encontrados.

En enero de 1914 la Guardia Civil detuvo a Lorenzo Calero por el asesinato de su vecino Evaristo Ruiz. El robo fue el móvil del crimen. El cadáver estaba cosido a balazos. El periodista de El Pueblo Manchego afirmaba que “en el vecindario de Mestanza ha impresionado mucho el suceso”.

En noviembre de 1914 una partida de bandidos asaltó al administrador de la mina La Gitana y a su sirviente en el Puerto del Roble. Se llevaron 750 pesetas, un reloj y una pistola. Tras atarles a un árbol, los dejaron allí toda la noche. En pleno invierno. Un paisano los encontró a la mañana siguiente ateridos de frío. Esta historia es sorprendente, en cuanto que muestra la pervivencia del bandolerismo en nuestra comarca en una fecha tan tardía como 1914.

En agosto de 1920 fue detenido Simón Lara acusado de disparar a su vecina Críspula Bazote con su escopeta. Por fortuna no tenía muy buena puntería y solo logró herirla en la mano derecha.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEn mayo de 1921 un hombre de sesenta años llamado Eusebio Hernández asestó una puñalada en el corazón a su vecino Álvaro de León. Todo empezó por una leve discusión. Murió en el acto.

En agosto de 1933 la Guardia Civil detuvo a Adolfo Ruiz alias El Borreguillo por el asesinato de un guarda de El Hoyo. La Benemérita fue muy elogiada por conseguir arrancarle una confesión al asesino.

Ya en la segunda mitad del siglo XX, fue famoso el conocido como Crimen del Suicida. En agosto de 1959 la Brigada de Investigación Criminal detuvo en Madrid a Juan Montalvo alias El Suicida. Se trataba de un hombre de 31 años natural de Cabezarrubias. Se le acusaba de haber matado a su mujer Encarnación y a su hijo en el Arroyo del Venero. Así lo narraba el diario ABC:

“Atrajo a su esposa por medio de engaños al lugar en que se cometió el crimen e invitó a ésta para que le ayudase a poner en movimiento una motocicleta, en la que previamente había fingido una avería, con el fin de que la víctima se desprendiera del niño, que llevaba en brazos, y lo depositara, envuelto en una manta, al borde de la carretera. Instantes después Juan golpeó brutalmente a Encarnación hasta dejarla sin sentido. Luego la precipitó en una poceta y hundió su cabeza en el agua hasta ahogarla. Recogió el cuerpo del pequeño y lo depositó envuelto en la manta, a un metro de la boca de la poceta. Con todo ello, el criminal se proponía hacer creer que su esposa se había suicidado. No obstante, después de ir a la mina donde trabajaba y cambiarse allí de ropa, volvió al lugar del suceso y encontró que el niño se había salido de la manta en que estaba envuelto y también había perecido ahogado”.

Fuente

Los datos han sido extraídos en su totalidad del estudio Casos y cosas de Mestanza, de nuestro vecino Miguel Martín Gavillero.

 

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