El volcán de la Alberquilla

            La Laguna de la Alberquilla está situada a unos siete kilómetros al este de Mestanza, en lo alto de la sierra que separa los valles de Alcudia y del Ojailén. El caminante asciende a la cumbre por un camino asequible. En la primavera, el aroma del laguna alberquillatomillo y la lavanda van llenando la mañana. Un viento suave agita las hojas crujientes de las encinas, mostrando su haz verde oscuro y su envés grisáceo. Las mariposas revolotean entre los enebros, encendiendo el aire y alegrando la vera del sendero. Aquí se han visto ciervos, jabalíes, zorros; también especies amenazadas como el lince ibérico. En el cielo se contemplan joyas ornitológicas como la cigüeña negra, el águila imperial o el buitre negro. La laguna, con más de 20 metros de profundidad, está llena de agua después de las lluvias.

            Esta inocua laguna es en realidad el cráter de un volcán. Hace varios millones de años se produjo aquí una explosión formidable. Este maar o cráter, con una dimensión de 800 x 500 metros, fue el brutal resultado de la vaporización de las aguas freáticas al entrar en contacto con el magma ascendente. Miles de toneladas de rocas volcánicas salieron despedidas de las entrañas de la tierra. Los depósitos piroclásticos que sevolcan observan alrededor del cráter nos recuerdan la magnitud de aquella enorme erupción. El Campo de Calatrava es una de las zonas de vulcanismo reciente más importantes de la Península Ibérica. La palabra “reciente” puede resultar engañosa. Hablamos de un periodo comprendido entre hace 8,7 millones de años y 1,7 millones de años. Pero en términos geológicos, es como decir “hace un rato”. Por este motivo los edificios volcánicos conservan su morfología original y sus productos se han preservado en muy buenas condiciones de observación. En el término municipal de Mestanza hay cinco volcanes catalogados: Tres de ellos –La Gitana, Villalba y El Burcio– son de tipo estromboliano; el volcán de La Cayetana es de tipo efusivo; y La Alberquilla es el único volcán de tipo hidromagmático. En 1999 la Laguna de la Alberquilla fue declarada Monumento Natural por ser “la única laguna de origen volcánico que se encuentra colgada en la parte alta de una sierra cuarcítica”.

            El nombre de “Alberquilla” proviene de la palabra árabe “alberca” (bírka) que significa “estanque”. El Libro de la Montería (s. XIV) se hace eco de este hermoso lugar:

La Sierra de la Alberquilla es buen monte del oso y del puerco en invierno y [también] en el comienzo del verano. Y son las vocerías: una desde el Puerto del Burcio por [la] cima de la sierra hasta el Puerto de la Alberquilla; [y la otra] por el campo de Alcudia hasta la huerta de la Alberquilla. Y la primera vez que corrimos este monte, matamos un oso de los [más] grandes que matamos hasta ese día.

En este libro excepcional se describen los montes donde se podían cazar osos y jabalíes. Los cazadores medievales cercaban a los osos y jabalíes en la Alberquilla. Mientras un grupo comenzaba la batida (vocería) ascendiendo a la sierra desde el valle, el otro lo hacía a través de la sierra partiendo del cercano Puerto del Burcio. Una vez rodeados, los animales eran acorralados por los perros, dejándolos a tiro de arco o de ballesta.

            El caminante desciende de la cumbre por el mismo sendero. El monte está cubierto de jaras y retamas. En la ladera el matorral –romero, cantueso y espliego- ha desplazado a la hierba. El valle se llena con los sonidos del campo: los balidos de las ovejas, el tintineo de sus esquilas, los ladridos de los mastines, el piar de los pájaros. La brisa trae olores frescos de manzanilla, magarzas y campanitas. Recuerdo las palabras del filósofo John Cowper Powys: “No hay razón para que le neguemos a las plantas una lenta, débil, vaga, amplia y relajada semiconsciencia”. ¿Es posible que el tomillo y el romero estén despiertos en cierto sentido? ¿Pueden sentir las encinas mi tránsito por estos parajes?

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La caza del oso

A menudo recuerdo a mi vecino Alejandro. En las cálidas noches de verano, cuando salíamos a tomar el fresco, relataba sus aventuras como pastor en las lejanas sierras cántabras. Durante la primavera y el verano los pastos de la montaña santanderina eran excelentes para el ganado y hombres como Alejandro viajaban hasta aquellas feraces montañas para pastorear el ganado. Según contaba, una mañana temprano, al salir de su chozo, se encontró frente a un enorme oso pardo. Se quedó́ totalmente paralizado. El oso, al observar aquella presencia extraña, se irguió sobre las dos patas traseras y rugió de una forma terrible. Alejandro nunca supo cuánto tiempo permaneció allí, de pie, inmovilizado por el terror. Por suerte para él, el oso se dio media vuelta y dejó el campo libre.

Alejandro jamás había visto una fiera tan colosal. Probablemente le hubiera sorprendido saber que en su pueblo, Mestanza, cuatro siglos antes, osos como aquel vagaban libremente por la sierra. Así lo indica el Libro de la Montería (s. XIV) del rey Alfonso XI:

“La sierra de la Alberquilla es buen monte del oso y del puerco en invierno, y (también) en el comienzo del verano. Y son las vocerías, la una desde el puerto del Burcio por cima de la sierra hasta el puerto del Alberquilla. Y son las armadas en las Cabezas del Verdugal. Y la primera vez que corrimos este monte, matamos en él un oso de los grandes que matamos hasta este día”.

monteriaEn este excepcional libro se describen los montes donde se podía encontrar y cazar el oso, así como la colocación de los ojeadores y los cazadores. Resulta curioso observar cómo, después de 700 años, la toponimia no ha variado, y tanto el Burcio como la Alberquilla nos resultan hoy tan familiares como lo eran para los mestanceños de entonces. La caza se realizaba entre febrero y mayo, y daba comienzo con la batida (vocería), que consistía en armar un ruido estrepitoso que obligaba a los animales a salir de sus oseras. Posteriormente eran acorralados por los perros deján- dolos a tiro de arco o de ballesta.

El pueblo llano no pudo degustar la carne de oso pues era la Encomienda quien contaba con el derecho para practicar la caza, y tanto el bosque como sus recursos fueron durante toda la Edad Media una propiedad exclusiva de la realeza y de la nobleza. La caza del oso era la actividad más digna para un caballero dada su similitud con la guerra, ya que requería usar armas, coordinar a una gran cantidad de gente (ojeadores, rastreadores, perreros, monteros) y realizar largas cabalgadas.

Al campesinado, por su parte, tan sólo le quedaba proteger las tierras que cultivaba y el ganado que criaba del ataque de estas eras. Por lo general, cuando escaseaban sus alimentos favoritos (frutas silvestres, bellotas, frutos secos) bajaban de sus guaridas y ocasionaban grandes estropicios en las posadas, corrales y plantíos. En el verano del año 1455 se documentó́ el merodeo de osos por el Valle de Alcudia. Parece ser que la primavera fue muy seca y estos plantígrados no hallaron su alimento favorito, la miel de las colmenas, por lo que abandonaron los montes y bajaron al valle sembrando el pánico entre la población. Estos osos colmeneros eran tan golosos que ni el aguijón de las abejas les detenía. A veces, transportaban el panal entre sus patas para esconderlo lejos del colmenar. No en vano un diccionario del s. XVIII les describía así:

“Tienen la propensión de buscar las colmenas y descorcharlas para comerse los panales, lo que ejecutan llevándolos a sumergir en el agua para que las abejas no les puedan hacer daño”.

Los representantes del pueblo ante las Cortes de Castilla pidieron reiteradamente que se les permitiera perseguir a los osos. En las Cortes de Madrid de 1563 denunciaron que:

“Hay muchos grandes, y caballeros, y personas que tienen señoríos y mando, y esto por su recreación y estado y provecho, que prohíben y quitan que los súbditos y particulares y otras personas que poco pueden, corran o maten dichas eras. Y si alguno lo intenta, los hacen maltratar y ponen grandes miedos y amenazas sobre ellos”.

Las quejas dieron su fruto y a finales del s. XVI el oso fue definitivamente exterminado en todo el Valle de Alcudia y en Sierra Morena.

 

(Publicado en el Catálogo de Fiestas de 2012)