El hueso de San Lorenzo

          San Lorenzo de Calatrava fue fundado oficialmente en 1588. Y digo oficialmente porque ya existían en la zona algunas chozas que daban cobijo a corcheros, cazadores, colmeneros y pastores provenientes de Mestanza. Ese año, un vecino llamado Gonzalo 20191124_171349Hernández de Medina, solicitó al rey Felipe II la construcción de una ermita pues “por vivir en descampado, ellos y sus mujeres e hijos no podían oír misa”. El 24 de marzo el rey autorizó la erección de un templo bajo la advocación de San Lorenzo. La elección de este mártir no fue casual. Se trataba del santo predilecto de Felipe II desde su victoria en la batalla de San Quintín el 10 de agosto de 1557, festividad de San Lorenzo.

          San Lorenzo de Calatrava se segregó de Mestanza en 1842. Durante el resto del siglo XIX, sus sierras escarpadas fueron una guarida de bandoleros. Cobró especial fama la partida de Agustín Ramón Castellanos, alias Bartolo. Este bandido atemorizó a los vecinos junto a sus compinches Malas Harinas, Perdigón y Correales, hasta que fue abatido por la Guardia Civil en 1869. Sus restos descansan en algún lugar del cementerio municipal. Al terminar la guerra civil (1939), volvió un nuevo bandolerismo con los maquis. Conocidos en el pueblo como los forajidos o los de la sierra, vivían escondidos durante el día en la espesura de los montes y salían por la noche para atracar los cortijos en busca de alimentos y armas. Por los alrededores de San Lorenzo se llegaron a contabilizar partidas de más de treinta hombres, como las cuadrillas del Manco y del Gafas.

          Las sierras de San Lorenzo vieron desaparecer a los bandidos hace mucho tiempo. Hoy son los cazadores quienes recorren sus hondos valles. Las monterías del pueblo atraen a numerosos aficionados de toda España. La temporada comienza en octubre. Las20191124_160649 rehalas de perros remueven el monte, suenan disparos, se comen migas y se bebe vino tinto. Al finalizar la jornada, al calor de una hoguera, los vecinos comentan con los foráneos su devoción por San Lorenzo. Toda la historia de este pueblo gira alrededor de su patrón. De hecho, sus dos festividades principales -la Reliquia (el 10 de abril) y la Fiesta del Santo (el 10 de agosto)- se celebran en su honor. Quizá el lector se pregunte ahora qué reliquia es esa que festejan. Pues ni más ni menos que un hueso de la cabeza del mártir.

          Es bien sabido que San Lorenzo fue quemado vivo en una parrilla. La tradición sitúa su martirio en Roma, el 10 de agosto del año 258. Tras su muerte, numerosas reliquias se dispersaron por el mundo cristiano. No solo sus huesos, sino los objetos que habían tenido contacto con su sepulcro e incluso las limaduras de la parrilla podían encontrarse en varios lugares desde Túnez hasta Constantinopla. La reliquia más importante es, sin duda, la cabeza quemada del mártir. Se conserva en el Vaticano y se expone a la veneración de los fieles cada 10 de agosto. Fuera de Roma, donde más reliquias laurentinas se veneran es en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, donde conservan un pie con carne y dedos, un muslo entero desde la cadera, un pedazo de leña en que fue asado, dos muelas, un trozo de sus vestiduras, una barra de la parrilla y varios huesos: uno quemado, tres tostados y otro hecho carbón.

          En el año 1920, los padres agustinos de El Escorial donaron uno de estos huesos, concretamente uno de la cabeza, a la Basílica de San Lorenzo de Huesca, lugar natal del mártir. Algunos años más tarde, el obispo de Huesca recibió una carta proveniente de un 20191125_102559pequeño pueblo de Sierra Morena. La firmaba el reverendo don José María Martínez, párroco de San Lorenzo de Calatrava. La misiva solicitaba la concesión de una reliquia de San Lorenzo Mártir para su veneración. El obispo concedió la gracia y tras extraer un pequeño trozo de hueso del cráneo, se introdujo en un relicario de metal plateado enviado desde San Lorenzo de Calatrava. A las 5´30 de la tarde del día 10 de abril de 1958 la reliquia llegó al pueblo. Todos los vecinos salieron a recibirla con pancartas, estandartes y gallardetes. Los cofrades de San Lorenzo llevaban sus banderas, cetros y alabardas (los típicos pinchos). La procesión se dirigió hacia la plaza mayor, donde se había instalado un altar en forma de parrilla. Había numerosos arcos de bienvenida y las casas estaban engalanadas con vistosas colgaduras. Tras los discursos pertinentes, la reliquia fue depositada en la iglesia parroquial. El párroco oscense don Damián Iguacen, que trasladó el hueso desde Huesca hasta San Lorenzo, recordaba el “entusiasmo enardecido de la multitud” y lo hermoso que era “oír en plena Sierra Morena el himno del Santo”.